Violencias contra los niños: las 20 medidas clave reveladas por Sarah El Haïry, Alta Comisionada para la Infancia
En Resumen
- El 15 de julio de 2026, Sarah El Haïry, Alta Comisionada para la Infancia, entregó al Primer Ministro un informe con 20 medidas clave para reforzar la protección de la infancia frente a las violencias contra los niños.
- El paquete se centra en cuatro ejes operativos: prevenir antes, detectar más rápido, proteger sin demora, acompañar a largo plazo (incluido un apoyo reforzado a las víctimas).
- Entre las propuestas destacadas: un servicio único de verificación de antecedentes para las personas en contacto con menores, una base nacional de formación y una aplicación nacional para denuncias.
- Lo digital se considera un terreno de violencias por derecho propio: detección, control, difusión de contenidos ilícitos, explotación, con respuestas diseñadas para la escuela y las familias.
- Se prevén evoluciones jurídicas: fiscalía especializada, reflexión sobre la prescripción, fichero nacional de personas implicadas y delito de apología de la pedocriminalidad.
El 15 de julio de 2026, Sarah El Haïry, Alta Comisionada para la Infancia, entregó al Primer Ministro un informe titulado «Por una protección integral de los niños», a raíz del caso Lyhanna que puso en evidencia fallas concretas de coordinación y seguimiento. El documento establece un objetivo claro: hacer que la cadena de protección de la infancia sea continua, desde la primera sospecha hasta la reconstrucción, con acciones gubernamentales que abordan tanto los puntos ciegos administrativos como las situaciones cotidianas. La lógica es la de una respuesta “de campo”, con medidas activables rápidamente (formación, herramientas de denuncia, controles) y otras que requieren una vía legislativa (organización judicial, nuevos ficheros, principios con valor constitucional).
En este marco, las violencias contra los niños se abordan como un continuo: violencias intrafamiliares, agresiones sexuales, acoso, ciberacoso, depredación en línea, pero también fallos institucionales cuando la información se pierde entre servicios. El informe insiste en una idea simple de comprobar en terreno: cuando varios adultos “saben un poco”, el niño no tiene una protección “en kit”. Por ello, las 20 medidas clave buscan equipar a los profesionales, hacer las denuncias más accesibles, asegurar el recorrido de las víctimas y aplicar mejor los derechos del niño, sin transformar a las familias en investigadores amateurs.
Verificación de antecedentes y control de profesionales: el corazón de las medidas clave
Uno de los pilares del informe entregado este 15 de julio se centra en una cuestión muy concreta: cómo evitar que una persona ya señalada por hechos graves continúe trabajando en contacto con menores, simplemente porque los controles están dispersos, son irregulares o demasiado tardíos. El texto propone la creación de un servicio único encargado de verificar los antecedentes judiciales y administrativos de las personas que trabajan con niños. En la práctica, esto abarcaría empleos en educación, deporte, animación, sector médico-social, pero también actividades donde el adulto ostenta posición de autoridad o acceso directo (prácticas, supervisión, transporte, intervenciones externas).
El tema es menos “técnico” de lo que parece: cuando una estructura contrata de urgencia para reemplazar a un animador, necesita un canal claro, rápido y vinculante para verificar antecedentes, no un camino de obstáculos. El informe habla de verificación judicial y administrativa, lo que implica una lectura cruzada de varios registros y señales disponibles. En el día a día de los padres, es la diferencia entre “esperar que todo esté bien” y “tener un protocolo”. Aunque no elimina el riesgo, reduce las oportunidades de que algo se escape.
Inspección interministerial y dirección: evitar zonas grises
Otra propuesta estructurante: la puesta en marcha de un grupo interministerial de inspección para prevenir las violencias y controlar su tratamiento. El interés de un dispositivo así es salir del esquema clásico donde cada quien hace “su parte” (escuela, colectividad, justicia, salud, asociación) con métodos y umbrales de alerta distintos. El informe enfatiza la necesidad de limitar la pérdida de información, sobre todo cuando un niño cambia de estructura o un profesional implicado se traslada de un entorno a otro.
Un ejemplo muy simple: una denuncia llega a un establecimiento, luego el alumno cambia de academia, o el educador cambia de empleador. Si la transmisión es dudosa, el riesgo vuelve a cero. Un grupo de inspección interministerial puede fijar estándares de control, verificar su aplicación y señalar las fisuras. No es glamoroso, pero es justamente el tipo de “plomería” administrativa que previene daños.
Formación obligatoria: del “sentido común” a la competencia
El informe menciona una base nacional obligatoria de formación para todos los profesionales en contacto con niños. El objetivo es detectar mejor, acoger mejor la palabra y orientar mejor. No se trata solo de aprender definiciones jurídicas, sino de conocer señales conductuales, conductas a seguir y interlocutores pertinentes. Una formación nacional también armoniza prácticas: un niño no debe “encontrar” a la persona adecuada el día adecuado para ser protegido.
En ese mismo espíritu, los docentes recibirían mayor formación en el programa de educación en vida afectiva, relacional y sexual (EVARS) desde el inicio del curso 2026. El informe vincula explícitamente esta mejora de competencias con la prevención de violencias, pues nombrar mejor el consentimiento, los límites, la intimidad y las formas de control ayuda a los niños a identificar lo que no es normal. Además, contribuye a detectar mejor, porque un alumno que dispone de palabras puede alertar antes. Esta articulación entre prevención de violencias y formación profesional es una de las propuestas más accionables.
Denuncias facilitadas: aplicación nacional, ENT e información a las familias
El informe sitúa la cuestión de la denuncia en el centro, con una idea fuerte: hacer la alerta más sencilla para los niños y familias, sin exigir que ya conozcan la puerta correcta. Concretamente, se propone crear una aplicación nacional gratuita y segura que agrupe los servicios de escucha y urgencia destinados a menores. En la vida real, “gratuito” y “seguro” no es un slogan: implica accesibilidad técnica, protección de datos y una ergonomía pensada para adolescentes que teclean rápido, a veces en secreto, a veces con teléfono compartido.
El informe también prevé integrar un espacio de denuncia directamente en el Entorno Digital de Trabajo (ENT) de colegios y liceos. El interés es obvio: el ENT ya es una herramienta familiar, menos intimidante que una llamada telefónica, y puede permitir un primer paso escrito. Este primer paso es importante porque la palabra sobre violencias contra niños rara vez es “limpia”, en una sola vez, con una cronología perfecta. A menudo es fragmentada, vacilante, con idas y vueltas, y una herramienta simple puede evitar abandonar.
El circuito de alerta: reducir la fricción, no la vigilancia
Una dificultad clásica de los dispositivos de alerta es el equilibrio entre accesibilidad y filtrado. El informe asume que la señal debe ser captada y luego calificada por personas formadas. En las familias, esto cambia un reflejo: en lugar de “esperar a estar seguro”, puede transmitirse un hecho o una sensación preocupante y dejar que los profesionales decidan qué sigue. El texto insiste en la coordinación entre actores, precisamente para evitar que la información se diluya entre escuela, social, salud y justicia.
Un caso común: un niño dice a un adulto “no me gusta cuando X me toca”, sin más detalle. Si la reacción es una investigación improvisada, el niño puede cerrarse. Si la reacción es “gracias, te creemos, vamos a ayudarte y esto es lo que haremos ahora”, la continuidad es posible. El informe busca estandarizar esta respuesta, para que la acogida de la palabra no dependa solo de la personalidad de un adulto.
Informar a las familias: transparencia cuando un profesional está implicado
Entre las medidas propuestas figura un principio sensible: se informaría a las familias cuando un niño haya estado en contacto con un profesional implicado en un caso de violencia. El informe no presenta esto como una “alerta pánico”, sino como una transparencia necesaria en la protección infantil. Para los padres, el tema es doble: poder vigilar señales de malestar y saber a quién acudir si un niño comienza a hablar.
También hay que medir el marco: “implicado” no significa “condenado” y su aplicación deberá evitar rumores y justicia paralela. El informe, tal como se presenta, busca una información con control, con lógica de prevención de riesgos y apoyo a posibles víctimas. En la realidad, puede evitar situaciones absurdas donde los padres descubren después de un tiempo que ya había una denuncia sin haber sido informados. Este bloque “denuncia + información” forma un conjunto coherente: hacer posible la alerta y luego convertir a las familias en actores sin hacerles cargar la prueba.
Los contenidos pedagógicos de este tipo ayudan a comprender la diferencia entre una denuncia, una información preocupante y una queja. Son útiles para establecer un vocabulario común en la escuela, familias y adolescentes.
Apoyo a las víctimas y recorrido de atención: UAPED, psicotrauma y justicia pensada para menores
El informe pone sobre la mesa un punto a menudo menos visible que la fase de alerta: lo que ocurre después. Recomienda garantizar a cada niño víctima un acompañamiento psicológico, con la idea de tratar a largo plazo las consecuencias del trauma. En terreno, esto evita el escenario en el que el niño debe “mejorar rápido” porque el adulto hizo una denuncia y, simbólicamente, “está resuelto”. Una denuncia o un procedimiento no reparan automáticamente el impacto en el sueño, concentración, confianza, escolaridad o relaciones.
El texto también insiste en el desarrollo de las Unidades de Atención Pediátrica para niños en peligro (UAPED). Estas unidades tienen un rol preciso: permitir la toma de declaración y atención en un entorno adaptado, evitando recorridos humillantes o muy fragmentados. La lógica es reducir la repetición del relato, coordinar mejor atención y procedimiento, y limitar los re-traumas vinculados a los trámites. Desde la perspectiva de derechos del niño, es una evolución práctica: hacer que el acceso a justicia y atención sea compatible con la edad, sin exigir que un niño funcione como un adulto en miniatura.
Administrador ad hoc: representar el interés del menor sin bricolaje
El informe menciona la creación de un estatus nacional para administradores ad hoc, encargados de representar los intereses de los menores durante los procedimientos judiciales. En casos de violencias intrafamiliares o conflictos de interés, la representación del menor se convierte en un tema propio. Sin un marco claro, la situación puede volverse incoherente: quién autoriza qué, quién sigue el expediente, quién explica las etapas al niño, quién conecta con el abogado, quién valida un examen médico-legal.
Un estatus nacional busca armonizar las misiones, formación y condiciones de intervención. Para las familias, no es un detalle administrativo: suele ser la diferencia entre un procedimiento incomprensible y uno acompañado, donde el niño no es un paquete que pasa de oficina en oficina.
Tribunales “a la altura del niño”: reducir la violencia institucional
El informe menciona la creación de tribunales “a la altura del niño”, diseñados para acoger mejor a jóvenes víctimas. Detrás de esta expresión hay decisiones concretas: salas de audiencia adaptadas, respeto al tiempo de palabra, explicación de roles, ritmo compatible con la edad, presencia de profesionales formados en audición de menores. El objetivo también es limitar audiciones múltiples y confrontaciones innecesarias.
Un ejemplo observable: un niño que debe contar hechos graves a varios interlocutores en lugares diferentes acaba contradiciéndose en detalles periféricos. Estas variaciones suelen estar ligadas al estrés y memoria traumática, pero pueden debilitar la credibilidad percibida. Una justicia pensada para menores puede reducir estos efectos, sin “facilitar” el caso, simplemente haciendo el marco más adecuado. Este aspecto de “apoyo a víctimas” no es un gesto de fachada; estructura la reconstrucción y la solidez de los procedimientos.
| Dispositivo / medida | Terreno concernido | Objetivo medible | Ejemplo de resultado esperado |
|---|---|---|---|
| Desarrollo de UAPED | Salud + judicial | Reducir número de interlocutores en la recogida de declaración | Menos repeticiones del relato, mejor coordinación atención/procedimiento |
| Acompañamiento psicológico garantizado | Salud mental | Acceso efectivo a un seguimiento post-traumático | Atención más rápida a síntomas (ansiedad, trastornos del sueño) |
| Estatus nacional de administradores ad hoc | Justicia | Aclarar la representación del menor | Decisiones procesales mejor explicadas y seguimientos más adecuados |
| Tribunales “a la altura del niño” | Justicia | Adaptar espacios y prácticas de audición | Marco menos ansiógeno, audición más estable y mejor comprendida |
Un video explicativo sobre las UAPED permite entender cómo se combinan audición, examen y orientación con un marco pensado para limitar la presión sobre el niño.
Evoluciones legales y digital: fiscalía especializada, archivos nacionales y prevención de violencias en línea
El informe propone varias evoluciones jurídicas para reforzar la lucha contra maltrato y pedocriminalidad. Entre las pistas se menciona la creación de una fiscalía nacional especializada en lucha contra pedocriminalidad, o un polo especializado dentro de una fiscalía existente. La idea es consolidar la pericia, unificar prácticas de investigación y tratar mejor expedientes complejos que cruzan varios territorios, víctimas y pruebas digitales. Para el gran público, significa una promesa concreta: menos disparidades entre jurisdicciones y mayor capacidad para seguir redes.
El informe también menciona la imprescriptibilidad de los delitos sexuales cometidos contra menores, así como la creación de un archivo nacional que registre personas implicadas en investigaciones por violencia sexual a menores. Estas propuestas son pesadas y requieren un marco preciso: la prescripción toca el equilibrio del derecho penal, y un archivo nacional plantea cuestiones de gobernanza, criterios de inscripción, duración de conservación y derechos de las personas. El interés, desde la protección infantil, es detectar mejor riesgos de reincidencia o movilidad, especialmente cuando individuos cambian de sector o región.
Apología de la pedocriminalidad: una incriminación específica prevista
El texto también menciona la creación de un delito específico de apología de la pedocriminalidad. El punto se refiere a dinámicas observadas en línea: banalización, discursos de legitimación, comunidades que fabrican control o normalizan lo inaceptable. Sin entrar en detalles sordidos, el enfoque ataca la circulación de discursos que facilitan el acto o explotación. Una incriminación clara puede dar a plataformas e investigadores una referencia jurídica más operativa.
El informe propone además inscribir el interés superior del niño en la Constitución y, a largo plazo, crear un Código de la infancia para agrupar los principales textos relativos a derechos y protección del niño. Esta idea responde a un problema conocido: la regla existe, pero está dispersa. Para profesionales, la legibilidad del derecho condiciona muchas veces la velocidad de acción.
Violencias en Internet: el informe trata lo digital como un lugar de vida
El apartado digital es explícito: redes sociales, mensajerías y plataformas se describen como espacios donde depredadores detectan víctimas, construyen control, difunden contenidos pedocriminales u organizan explotación sexual de menores. Esta descripción ubica la prevención de violencias en el lugar correcto: la habitación del adolescente con un smartphone es un espacio social, no un “extra”. Esto justifica acciones que mezclan educación, denuncia e investigación.
En un enfoque parental muy práctico, implica no tratar esto como un duelo “adolescente vs padres”, sino como una higiene de seguridad, al igual que el cinturón en el coche. Las herramientas de denuncia en ENT, la formación EVARS en la escuela y la coordinación interinstitucional forman un triptico coherente: los niños aprenden puntos de referencia, saben cómo alertar, y los adultos saben qué hacer después. El informe cita una fórmula atribuida a Sarah El Haïry, que insiste en que ninguna señal debe ser ignorada, que ninguna información debe perderse, y que ninguna institución debe actuar sola; esta frase resume la ambición de continuidad administrativa y protección inmediata.
- Prevenir: formación EVARS desde el curso 2026 y base nacional de formación de profesionales.
- Detectar: servicio único de verificación de antecedentes e inspecciones reforzadas.
- Proteger: espacios de denuncia vía aplicación nacional y ENT, información a familias en caso de profesional implicado.
- Reconstruir: acompañamiento psicológico, desarrollo de UAPED y dispositivos judiciales adaptados.
- Tratar casos complejos: reflexión sobre fiscalía especializada y herramientas nacionales de seguimiento.
¿Qué se dice al respecto?
Este paquete de 20 medidas clave acierta en un punto determinante: la protección de la infancia depende de una cadena continua, no de un “buen reflejo” aislado. Las propuestas más inmediatamente útiles son las que reducen la fricción en la denuncia y estandarizan la formación, porque cambian la vida cotidiana desde la escuela y la supervisión extracurricular. El apartado de acompañamiento y UAPED responde a una realidad a menudo subestimada: sin apoyo a víctimas a largo plazo, los procedimientos se amontonan pero la reconstrucción se estanca. Las evoluciones legales y los archivos nacionales serán juzgados por su capacidad de ser precisos, controlables y protectores; de lo contrario, corren el riesgo de generar ruido más que seguridad.
¿Para qué serviría concretamente una aplicación nacional de denuncia para menores?
Agruparía servicios de escucha y de urgencia en una herramienta única, gratuita y segura, para evitar que el niño tenga que buscar “el número correcto” o la página adecuada en el momento que duda en hablar. El interés también es permitir una primera alerta escrita, más sencilla cuando la llamada telefónica es imposible, y luego orientar hacia los interlocutores adecuados.
¿Qué cambia un servicio único de verificación de antecedentes para las personas en contacto con niños?
Busca hacer el control más sistemático y rápido, evitando que la información esté dispersa entre administraciones. Para los empleadores (escuela, deporte, animación, médico-social), aclara el procedimiento y limita el riesgo de que una persona ya señalada siga ejerciendo con menores por falta de verificación homogénea.
¿Qué son las UAPED y por qué el informe quiere desarrollarlas?
Las Unidades de Atención Pediátrica para niños en peligro son lugares donde se puede recoger la palabra del niño y donde se le puede orientar en un marco adaptado, en vínculo con salud y justicia. El desarrollo de esta red busca reducir la repetición del relato, coordinar mejor las etapas y limitar el estrés debido a trámites fragmentados.
¿Por qué el informe insiste tanto en la formación y EVARS desde el curso 2026?
Porque la prevención de violencias también se basa en referencias claras: consentimiento, límites, intimidad, mecanismos de control. Una formación reforzada a docentes y una base obligatoria para profesionales mejoran tanto la detección como la acogida de la palabra, con conductas a seguir más homogéneas cuando aparece una señal de peligro.